Blanca Nieves: un mal nombre para un planeta enano

Hace unos años un estudiante de astronomía descubrió en los bordes del Sistema Solar un nuevo planeta enano, el quinto a saber. Se le nombro Blanca Nieves, pues se le suponía cubierto por la más blanca de las capas de hielo. El astro es la mitad del tamaño de Plutón, y los científicos pensaban que debía de haberse desprendido de otro planeta mayor.
Sin embargo, todo parece indicar que el diminuto cuerpo ha sido bautizado erróneamente, pues si bien para sorpresa de los expertos el planeta posee agua de hielo de origen volcánico, su color no es para nada blanco como cabría esperar, sino de una tonalidad rosácea. La perplejidad nació de la contradicción: el agua de hielo no es roja en lo absoluto.
He aquí que tiempo antes había sido descubierto otro planeta enano llamado Quaoar, cubierto de agua de hielo y un espectro de color rojo. Durante el proceso de formación de este cuerpo, los elementos volátiles se perdieron en el espacio, de modo que sólo quedó allí una capa de metano, cuya apariencia es rojiza. Como Blanca Nieves comparte con Quaoar el mismo espectro lumínico, se presume que también tengan características similares.
Si fuera el caso, Blanca Nieves tendría a su alrededor una ligera atmósfera de metano que va disipándose paulatinamente. En realidad, sólo se ha constatado la presencia de agua de hielo; aun no se verifica la existencia de gas metano, y se necesitarían telescopios más potentes para averiguarlo.
Lo que sí parece claro para la comunidad astronómica es que este planeta enano no debería continuar llamándose Blanca Nieves; por el momento se queda con su simple 2007 OR10 hasta que pueda probar con su real presencia de metano que es un planeta digno de merecer la atención de la ciencia, tal como ocurre con su pariente Quaoar. En cualquier caso, la continuidad de su estudio parece inminente.



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