Arcoíris: fiesta de colores

Se trata de estar en el lugar correcto, en el momento exacto en que el sol ilumina la lluvia y la luz se descompone en sus colores. Entonces se verá un arcoíris. Y es que justamente este evento no es otra cosa que una banda espectral de franjas paralelas que aparece en el cielo en forma curvada y que causa admiración en cualquier observador.
Lo que sucede realmente es que, al penetrar la luz en las gotas de lluvia, esta se separa en sus colores: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, índigo y violeta, los que se organizan según sus longitudes de onda. Pero los rayos que entren en las distintas partículas rebotan del otro lado y al reflejarse producen ese efecto digno del más renombrado pintor.
La posición para ver un arcoíris no puede ser cualquiera. Hay que estar parado justo entre el sol y la lluvia, más de espaldas al sol. Estos dos elementos y el ojo humano han de estar alineados para que se produzca el milagro.
Incluso dos observadores del mismo arcoíris ubicados en posiciones distintas, tendrán percepciones diferentes del evento. Precisamente lo más interesante de este fenómeno es que su naturaleza no es física, sino óptica. Un arcoíris no puede ser tocado.
Tal evento se extiende por un espectro continuo de colores. No hay tales franjas. En realidad la discontinuidad aparente es un resultado de los fotopigmentos de nuestros ojos y del procesamiento que se hace de dicha información en el cerebro.
El arcoíris puede formarse con varios tipos de agua en el aire, no solamente la lluvia, sino también la niebla y el rocío. La vista más espectacular de un arcoíris se logra cuando la mitad del cielo está oscurecida por las nubes de lluvia y el observador está parado en la parte clara en dirección al sol. Surge así un bello arcoíris luminoso contra el fondo oscuro. Estos arcos pueden verse también en los saltos o fuentes, así como rociando agua en el aire un día soleado.



1 ComentariosComentar
Lo que nunca he entendido es por què tiene forma de arco...