Descifrando al Hombre de Hielo

Desde que el popular Hombre de Hielo fuera descubierto en los Alpes, los científicos han estado intentando obtener la mayor información posible de sus restos para llegar a conocer la vida del Neolítico. Se han realizado estudios de todo lo que portaba―hacha de cobre, ropa de cuero y accesorios varios―, así como análisis del material fecal que se encontró en sus entrañas. Al parecer, cuatro horas antes de morir había cenado carne de ciervo roja y cereales.
Ahora los científicos han dado un paso más adelante en dicho proceso de investigación: se reexaminaron las tomografías computarizadas que se habían realizado unos años antes y se ha podido ver por vez primera el estómago del Hombre de Hielo, el que al parecer tenía una posición inusual. El ADN de las fibras animales contenidas revela que, de 30 a 120 minutos antes de su muerte, nuestro ancestro se había alimentado con carne de cabra alpina, un animal oriundo de la zona.
Simultáneamente se analizó su dentadura y pudo constatarse que debió tener alrededor de 35 o 40 años de vida. Los estudios anteriores no habían mostrado problemas dentales, pero esta vez, al emplearse imágenes tridimensionales, el equipo pudo observar que el Hombre de Hielo debió haber sufrido un trauma dental en algún momento próximo a su muerte, posiblemente a causa de un golpe. Por otro lado, estaba lleno de caries, lo que prueba que en la dieta se incluían carbohidratos.
Un aporte importante a la investigación ha sido el hecho de que se haya logrado secuenciar el genoma completo del Hombre de Hielo, aunque con fragmentaciones. Algunos resultados arrojan que el color de sus ojos, en lugar de azul, era marrón. Los exámenes radiológicos señalaban que este hombre tenía problemas artríticos. Ahora, con ayuda del ADN se sabrá con certeza si tenía alguna predisposición genética a dicha enfermedad.
Los expertos consideran que esta línea de investigación es un hito dentro del mundo científico, pues abre la posibilidad de averiguar cuán antiguas son muchas enfermedades hereditarias. Y aunque la tecnología aún es limitada, cuando se tengan cientos de genomas de humanos ancestrales se podrán hacer mejores descripciones de esta realidad lejana en el tiempo, cuya comprensión es imprescindible para el conocimiento del ser humano moderno.



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