La ciudad nos vuelve infelices

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Creo que por más urbanizados, habituados a los dispositivos electrónicos, acostumbrados al ruido y felices en nuestros bloques de viviendas encimados unos a otros que estemos, si tenemos que pensar en un momento de paz no nos visualizamos en medio del Central Park fumando un cigarrillo, sino que en algún entorno natural en el que predomine el color verde y los pajarillos aleteen de fondo.

Esto es inherente a nuestra condición humana, y diversos estudios han demostrado la importancia que los entornos naturales suponen para nuestra calidad de vida. Hace un tiempo se demostraba que los pacientes de hospital que tenían vistas a árboles desde sus ventanas se recuperaban más rápido que los que no las tenían, y también que en ambientes domésticos la violencia está limitada cuando pueden verse paisajes naturales por las ventanas.

Desde la Universidad de Michigan se apoyan estas conclusiones gracias a un nuevo estudio liderado por Marc Berman, quien ha descubierto que las ciudades deterioran nuestra salud mental al limitar las funcionalidades de nuestros cerebros.

Sólo al estar en un medio ambiente urbano el cerebro pierde capacidad de retención de la memoria, y además sufre de un auto control reducido. La vida en la ciudad nos puede hacer perder el control de nuestras emociones, ya que las ciudades nos pueden llevar a tener mayores niveles de agresión debido al constante ruido y a la falta de quietud.

El campo es hermoso, y la paz que encontramos allí es incomparable. Sin embargo, yo soy eminentemente urbano, y no me muevo de aquí. Además, por el momento mantengo bien a raya mi agresividad, y aunque tengo mala memoria, todavía esto no me perjudica del todo.

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Publicado por: Carlos Dan

1 ComentariosComentar

YO cada vez tiendo más a vivir en el campo.
saludos

Vie, 2009-08-28 01:14
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