El asqueroso sabor de la inmoralidad
- Imprimir
- Enviar por email
- Publicado por: Carlos Dan

El sentimiento de moralidad ha sido en el puzle de la evolución de nuestra especie una pieza clave. La organización social, bien lo apuntaba mi tocayo Charles Darwin, ha sido clave a la hora de trabajar y cooperar con otros miembros de nuestra especie para llegar a ser lo que somos hoy.
Pero tal como apunta la psicología evolutiva, toda conceptualización o inferencia propia de nuestra mente tiene un remoto origen fisiológico. En esta teoría se ha asentado un grupo de psicólogos de la Universidad de Toronto, quienes han estudiado a fondo nuestro sentimiento de moralidad.
Como decíamos, el poder de discernimiento entre lo que está bien y lo que está mal ha sido crucial para nuestra evolución, y según la estudiante de grado Hanah Chapman y otros investigadores canadienses, la misma podría tener un origen fisiológico que se manifestaría en un sabor desagradable en la boca.
Para ello trabajaron con un grupo de voluntarios a quienes se les pidió que probaran alimentos con diversos sabores, que observaran fotografías y que participaran en un simulador de ordenador en el que eran sometidos a injusticias. Prestando especial atención a los gestos de los voluntarios, los psicólogos lograron extraer conclusiones más que interesantes.
Comparando las contracciones de los músculos faciales de los participantes durante las injusticias simuladas, los sabores desagradables y las fotos (que incluían baños sucios o heridas), los psicólogos descubrieron que los músculos contraídos eran los mismos en todas las situaciones.
Esto ha dado pie a los investigadores para teorizar respecto a una supuesta conexión entre el sentido de moralidad y los impulsos del organismo. Se cree que el sabor desagradable, que en un principio sirvió para detectar venenos, resultó un remanente evolutivo asociado a las situaciones reprobables que experimentamos a diario.


0 ComentariosComentar